Él nunca la olvidó. Ella ni siquiera lo recuerda.
Brooke Collins tenía seis años cuando tuvo que marcharse de Livingston, Montana, dejando atrás al niño que había sido su mejor amigo, a su familia y el único hogar que conocía.
Dieciocho años después, una decisión de su abuelo la lleva de vuelta al rancho Collins, el lugar donde creció y que durante años consideró su hogar. Ahora, sin embargo, siente que pertenece a una vida que ya no reconoce.
Jackson ya no es el niño que corría con ella entre caballos y praderas. Ahora es el mayoral del rancho, el hombre que ha dedicado su vida a cuidar aquellas tierras y que nunca dejó atrás el recuerdo de Brooke.
Ella, en cambio, no lo reconoce.
Y Jackson no puede evitar preguntarse cómo alguien que significó tanto para él pudo olvidarlo por completo.
Brooke solo quiere descubrir qué hacer con el rancho y regresar a la vida que ha construido en Chicago. Pero cuanto más tiempo pasa en Montana, más difícil le resulta ignorar todo lo que aquel lugar despierta en ella.
Y mucho más difícil ignorar a Jackson.
Lo que comienza con distancia y viejos recuerdos pronto se transforma en algo que ninguno de los dos sabe cómo manejar. Porque entre ellos hay demasiado deseo, demasiadas preguntas y un pasado que todavía tiene mucho que decir.
Y cuando el pasado vuelve para removerlo todo, Brooke tendrá que decidir si está preparada para abrir de nuevo las puertas de un hogar que creyó perdido para siempre.
Porque volver al lugar del que te separaron no siempre significa regresar al pasado.
A veces significa encontrar la forma de sanar las cicatrices que dejó en ti.







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